Recuerdos
09/04/2026
Recuerdo las frías tardes de invierno que pasábamos juntas. Salíamos fuera, al jardín o a la terraza, envueltas en mantas con una taza de chocolate caliente que ella misma preparaba. Era lo más delicioso del mundo entero. Cuando tomaba el primer sorbo, mis mejillas, congeladas por el frío, entraban en calor. Ella se acurrucaba a mi lado y me explicaba todas las historias de las constelaciones que conocía. Mientras hablaba, sus ojos brillaban de la felicidad. La verdad, a mí no me interesaban esos viejos mitos, pero me limitaba a escuchar, solo por verla sonreir.